- El Fed mantendrá la tasa de interés en 3,50%-3,75% en su reunión del 29 de abril.
- Se espera que la inflación en EE.UU. alcance un 3,4% anual, impulsada por el aumento de precios de energía.
- El PIB de EE.UU. se proyecta con un crecimiento del 2,4% en el primer trimestre de 2026.
- La destrucción de plantas petroquímicas en el Medio Oriente ha eliminado 10 millones de barriles diarios del mercado.
- Las proyecciones de recortes de tasas han sido revisadas, con un alto riesgo de que no se concreten en 2026.
- La herramienta FedWatch indica que la probabilidad de mantener o aumentar las tasas supera la de recortes.
El próximo 29 de abril, el Federal Reserve (Fed) de Estados Unidos concluirá su reunión de política monetaria, donde se espera que mantenga la tasa de interés en el rango actual de 3,50% a 3,75% anual. Esta decisión se enmarca en un contexto de creciente incertidumbre global, exacerbada por el conflicto en el Medio Oriente, que ha impactado severamente el comercio de energía, especialmente en el estrecho de Ormuz. La postura del presidente Jerome Powell será de extrema cautela, en lo que podría ser su última conferencia de prensa, donde se anticipa un tono firme y dependiente de datos, en lo que el Bank of America ha denominado un “canto del cisne hawkish”.
La inflación en Estados Unidos sigue siendo un tema central en la política monetaria. El índice de Despesas de Consumo Pessoal (PCE), que es la métrica más seguida por el Fed, se mantiene por encima de la meta establecida. Se espera que los datos de marzo muestren un aumento en la inflación, alcanzando un 3,4% en comparación anual, impulsada por el alza en los precios de energía y combustibles. El núcleo del PCE se proyecta que se mantenga en torno al 3,1%. Estas cifras reflejan un entorno inflacionario persistente que complica la toma de decisiones del banco central.
El crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de Estados Unidos también se mantiene sólido, con proyecciones de un aumento del 2,4% en el primer trimestre. Sin embargo, el mercado laboral muestra signos de debilidad, con datos de creación de empleos que no son tan robustos como se esperaba. A pesar de esto, la demanda sigue siendo fuerte, lo que añade presión sobre la inflación. Rodolpho Sartori, economista de Austin Rating, señala que la situación ya era complicada antes del conflicto, y ahora se ha vuelto aún más desafiante con el riesgo inflacionario asociado a los combustibles.
El impacto del conflicto en el Medio Oriente va más allá de la interrupción del comercio en el estrecho de Ormuz, que representa aproximadamente el 20% del petróleo global. La destrucción de más de 40 plantas petroquímicas en varios países ha llevado a una reducción significativa en la capacidad de producción, eliminando 10 millones de barriles diarios del mercado y provocando un aumento en los precios del petróleo, que alcanzaron picos de 113 dólares por barril. Este “impuesto geopolítico” está afectando las cadenas de suministro y la dinámica inflacionaria a nivel global, lo que podría obligar al Fed a reconsiderar su estrategia de tasas.
A medida que se intensifican las tensiones en el Medio Oriente, las proyecciones iniciales de recortes de tasas han sido revisadas. Aunque algunos analistas del Bank of America aún esperan dos recortes de 0,25 puntos porcentuales cada uno para finales de 2026, el riesgo de que estos no se materialicen es alto si los choques inflacionarios persisten. La herramienta FedWatch del CME Group indica que la probabilidad de mantener o incluso aumentar las tasas supera ampliamente la de realizar recortes, sugiriendo que la primera reducción podría no ocurrir hasta diciembre de 2027. Esta situación plantea un desafío significativo para los inversores, quienes deben estar atentos a los datos económicos y a la evolución del conflicto en el Medio Oriente para ajustar sus estrategias de inversión.
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