- La inflación en Brasil se sitúa en niveles del 30% anual, similar a la situación en Argentina.
- Reducir la inflación a un dígito requiere un esfuerzo político y técnico considerable, según Edmar Bacha.
- La experiencia internacional indica que los programas que abordan solo uno de los componentes de la inflación tienden a fracasar.
- El equilibrio fiscal es necesario para la estabilidad, pero no garantiza una rápida desinflación en economías con fuerte inercia.
- La creación de una nueva unidad de cuenta podría haber sido considerada al inicio del gobierno de Milei, pero ahora parece poco probable.
El economista brasileño Edmar Bacha, uno de los arquitectos del Plan Real, ha compartido su perspectiva sobre la compleja situación inflacionaria en Brasil y su impacto en la región. En un contexto donde la inflación en Brasil se sitúa en niveles del 30% anual, Bacha enfatiza que reducirla a un dígito requiere un esfuerzo político y técnico considerable. Este desafío no es exclusivo de Brasil, ya que Argentina enfrenta una situación similar, con una inflación que ha descendido de más del 200% a 30% en dos años, pero aún persiste la indexación de precios y salarios.
Bacha destaca que la experiencia internacional sugiere que la inflación alta tiene componentes inerciales y estructurales. La inercia es alimentada por la indexación generalizada, mientras que el desequilibrio fiscal contribuye a la inflación estructural. En este sentido, los programas que solo abordan uno de estos componentes han fracasado históricamente. Por ejemplo, los planes heterodoxos en Argentina y Brasil que ignoraron el frente fiscal colapsaron, mientras que los ajustes ortodoxos que no consideraron la inercia resultaron ser lentos y socialmente costosos. Por lo tanto, la lección es clara: ambos frentes deben ser atacados simultáneamente para lograr una desinflación efectiva.
La historia de la inflación en América Latina muestra que la estabilización puede lograrse en un tiempo relativamente corto, como ocurrió en Bolivia en 1985. Sin embargo, la convergencia a niveles de un dígito es un proceso más prolongado. En Brasil, la inflación se redujo a menos del 10% anual en diciembre de 1996, dos años y medio después de la introducción del real. En contraste, otros países de la región, como Perú, Chile y Colombia, han tardado más de tres años en lograr una inflación de un solo dígito. Esto depende de la credibilidad del programa, la magnitud del ajuste fiscal y la eficacia de los mecanismos de desindexación.
El impacto de la política fiscal es crucial en este proceso. Bacha señala que el equilibrio fiscal es una condición necesaria, pero no suficiente para la estabilización. Los déficits fiscales persistentes tienden a ser monetizados, lo que hace insostenible cualquier ancla nominal. Sin embargo, la disciplina fiscal por sí sola no garantiza una rápida desinflación en economías con fuerte inercia. Por lo tanto, es fundamental crear un entorno que permita la desindexación, lo que a su vez facilita la estabilidad económica.
En cuanto a la situación actual en Argentina, Bacha sugiere que la creación de una nueva unidad de cuenta, similar a la URV utilizada en Brasil, podría haber sido una opción al inicio del gobierno de Milei, pero ahora parece poco probable. La inflación del 30% anual en Argentina podría permitir un enfoque gradual, pero es esencial romper la inercia inflacionaria y convencer a los agentes económicos de que ha habido un cambio significativo en el régimen inflacionario. La estrategia actual del gobierno argentino, que incluye un ajuste fiscal significativo y desregulación, busca construir credibilidad antes de definir un régimen cambiario definitivo.
Finalmente, Bacha advierte que la política juega un papel fundamental en la reducción de la inflación. La desinflación inicial puede ser rápida, pero la consolidación requiere tiempo y esfuerzo para construir instituciones sólidas, como una autoridad monetaria creíble y un marco legal que respalde la disciplina fiscal. La experiencia brasileña demuestra que la transición hacia un régimen de metas de inflación con tipo de cambio flotante fue exitosa, pero no sin costos políticos significativos. La situación actual en Brasil y Argentina es un recordatorio de que la lucha contra la inflación es un proceso complejo que requiere un enfoque integral y coordinado.
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