La inflación en Argentina ha mostrado un aumento significativo en los últimos meses, alcanzando un 3% en marzo, lo que ha generado preocupación entre los analistas y ciudadanos. Este incremento se ha visto reflejado en los datos de actividad industrial y de construcción, que también han sido negativos. La caída en la demanda de dinero y la depreciación del peso, en un contexto electoral, han contribuido a esta situación, lo que hace que la credibilidad de la política monetaria sea aún más crítica en este momento.

En el futuro cercano, se espera que los ajustes de precios relativos sean menores, a menos que surjan nuevas tensiones en el Medio Oriente que puedan elevar el precio del petróleo. Sin embargo, el tipo de cambio ha mostrado cierta estabilidad, con una apreciación del 6% en términos nominales en lo que va del año. Esto podría ayudar a moderar la inflación, aunque los efectos de la normalización de las tasas de interés reales aún están por verse, dado que la morosidad en los préstamos en moneda local sigue siendo un problema.

La mejora en la inflación podría beneficiar a los jubilados y trabajadores, ya que sus ingresos se ajustan en función de la inflación pasada. Sin embargo, el crecimiento económico se proyecta por debajo de las expectativas, con un aumento del PIB estimado en solo un 2%. Esto podría llevar a una cuenta corriente del balance de pagos que sea neutra o ligeramente superavitaria, lo que generaría un ingreso adicional de dólares al país.

En este contexto, el gobierno argentino debería aprovechar la situación para aclarar sus compromisos de deuda externa, que suman US$2000 millones en 2027. La combinación de colocaciones de deuda y la compra de reservas, aunque implique una modesta depreciación del peso, podría ser clave para fortalecer la economía. Además, la posibilidad de emitir deuda respaldada por organismos multilaterales se presenta como una opción viable para evitar una emisión internacional inmediata.

Para los inversores, es crucial reforzar las defensas comprando dólares. Las encuestas de intención de voto sugieren que un retorno al populismo podría generar una dolarización de portafolios, como ocurrió en 2025. Además, los swaps con China y Estados Unidos podrían seguir disponibles, aunque siempre existe el riesgo de demoras políticas. Con el nuevo oleoducto previsto para 2027, se anticipa un aumento en las exportaciones que podría mejorar la situación de reservas, pero es esencial que estas reservas netas superen los US$8000 millones acordados con el FMI para reducir el riesgo país y facilitar la colocación de deuda en el mercado internacional a un costo razonable.