Venezuela, a pesar de poseer las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, se encuentra atrapada en una crisis económica sin precedentes. La paradoja de la abundancia se manifiesta aquí, donde la riqueza en recursos no ha llevado al desarrollo, sino a la destrucción de su industria y sus instituciones, especialmente tras la caída de los precios del petróleo en 2014.

El petróleo venezolano, aunque abundante, es de difícil extracción debido a su naturaleza extrapesada y densa. Esto plantea un desafío significativo para cualquier intento de revitalizar la producción, que requiere inversiones masivas y un entorno político estable, algo que actualmente es incierto. Además, la transición energética global plantea el riesgo de que estas inversiones se conviertan en activos varados si no se adaptan a las nuevas realidades del mercado.