Los analistas han ajustado a la baja sus proyecciones de crecimiento para la economía uruguaya en 2026, situándola en un 1,3%, una disminución respecto al 1,6% estimado en marzo. Este recorte se produce en un contexto de bajo crecimiento económico, donde el Producto Interno Bruto (PIB) creció solo un 1,8% en 2025, impulsado principalmente por un arrastre estadístico de 2024. La actividad económica ha mostrado signos de estancamiento, con un crecimiento de apenas 0,1% entre los cuartos trimestres de 2024 y 2025, lo que indica que la economía uruguaya comienza 2026 sin un impulso significativo.

En cuanto a la inflación, se mantiene en niveles mínimos históricos, con un 2,94% interanual a marzo, por debajo del 3,11% de febrero y alejándose de la meta del 4,5% anual fijada por las autoridades. Sin embargo, los analistas anticipan un repunte en la inflación en los próximos meses, influenciado por el estímulo monetario del Banco Central del Uruguay (BCU) y el aumento de los precios de los combustibles a nivel global. Este escenario inflacionario podría ser el resultado de las políticas monetarias expansivas y el impacto de los conflictos internacionales en los precios de la energía.

El Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) mantiene una proyección de crecimiento más optimista del 2,2%, aunque el ministro Gabriel Oddone ha indicado que esta cifra podría ser revisada a la baja. La situación actual de la economía uruguaya, caracterizada por un crecimiento débil y una inflación que podría repuntar, plantea desafíos significativos para la política económica del país. Las expectativas de inflación han comenzado a reflejarse en el mercado de deuda local, donde los rendimientos de las Letras de Regulación Monetaria (LRM) han ido en aumento, señalando que los inversores están ajustando sus carteras a una inflación más alta.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha advertido sobre un nuevo "shock de oferta" global, derivado de conflictos en Oriente Medio que han alterado las cadenas de suministro y el flujo energético. Este contexto internacional podría tener repercusiones en la economía uruguaya, especialmente si se traduce en mayores costos de producción y presiones inflacionarias. La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, ha subrayado que el desanclaje de las expectativas inflacionarias podría obligar a los bancos centrales a aumentar las tasas de interés, lo que afectaría el crecimiento económico global, y por ende, podría impactar a Uruguay.

De cara al futuro, es crucial monitorear la evolución de la inflación y las decisiones del BCU en relación a la tasa de política monetaria. Las próximas licitaciones de deuda y los informes económicos del BCU serán indicadores clave para evaluar la dirección de la economía uruguaya. Además, el impacto de los precios internacionales de los combustibles y las decisiones de política fiscal del gobierno serán factores determinantes para el crecimiento económico en 2026 y más allá.