El reciente cierre del protocolo DeFi ZeroLend, tras tres años de operación, ha puesto de manifiesto las dificultades que enfrenta el sector. La empresa citó márgenes reducidos, hackeos y cadenas inactivas como razones para su decisión. Este evento se suma a una serie de cierres de protocolos DeFi y plataformas de criptomonedas adyacentes que han cesado operaciones en 2025 y principios de 2026, evidenciando una realidad más exigente en un mercado que alguna vez fue optimista.

El valor total bloqueado (TVL) en DeFi, que se consideraba un indicador clave, ha caído drásticamente de aproximadamente 167 mil millones de dólares en su punto máximo en octubre de 2025 a alrededor de 100 mil millones de dólares en febrero de 2026. Esta caída representa una contracción significativa en un corto período y refleja una clara reducción del capital especulativo en el sector. Sin embargo, el TVL por sí solo no define la salud estructural de DeFi, ya que la capitalización de mercado de las stablecoins ha continuado creciendo, superando recientemente los 300 mil millones de dólares.

La dinámica del mercado muestra que, aunque la confianza ha disminuido, el comportamiento institucional sugiere que la rotación de capital es más probable que una colapso sistémico. Por ejemplo, la inversión de Apollo en Morpho, un protocolo de préstamos en rápido crecimiento, indica una convicción a largo plazo en la infraestructura DeFi. Esto sugiere que los grandes gestores de activos están buscando eficiencia y escalabilidad en lugar de huir de un sector que consideran estructuralmente roto.

A pesar de estos signos de madurez, el cierre de ZeroLend resalta debilidades no resueltas en el sector DeFi. Los riesgos de seguridad siguen siendo sistémicos, ya que DeFi opera a través de contratos inteligentes, donde el código rige los flujos de capital. Aunque las auditorías pueden reducir la exposición a riesgos, no la eliminan. Esto hace que DeFi sea especialmente atractivo para los atacantes, dado que el capital es accesible programáticamente. No todos los protocolos son igualmente frágiles; plataformas como Aave y Morpho han acumulado un historial operativo sólido, múltiples auditorías y un respaldo institucional que refuerza su estabilidad.

La gobernanza en DeFi también presenta tensiones. Aunque la descentralización redistribuye el poder, no elimina la concentración. Los tokens de gobernanza permiten la votación comunitaria, pero los grandes tenedores pueden influir en parámetros de colateral y modelos de riesgo. Esto introduce un riesgo de gobernanza que los usuarios deben considerar junto con el riesgo de mercado. Además, la regulación sigue siendo un tema no resuelto. Aunque el marco MiCA de Europa ha traído claridad para los activos criptográficos, DeFi sigue siendo en gran medida indefinido, lo que puede desincentivar el capital conservador.

A largo plazo, la adopción de DeFi dependerá de la evolución de la alfabetización financiera en torno a los mecanismos en cadena y de la creación de canales de distribución confiables que simplifiquen la complejidad técnica. Plataformas como Coinbase y Kraken están comenzando a integrar funcionalidades DeFi en entornos orientados al retail, lo que podría facilitar la demanda minorista. La integración gradual de productos de préstamos en cadena podría ser plausible, similar a la exposición estructurada que muchos bancos ahora ofrecen en el espacio cripto. En resumen, el cierre de ZeroLend no indica un fracaso de DeFi, sino que señala una fase de maduración necesaria para el sector.