Un reciente estudio del Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico (Cede) en Colombia ha puesto de manifiesto cómo los acentos pueden afectar las oportunidades laborales y las relaciones personales de los individuos. La investigación, que encuestó a 6.000 personas en Bogotá, concluyó que los acentos asociados a clases altas generan una percepción más favorable en los entornos sociales y laborales. Por ejemplo, aquellos con un acento de clase alta son vistos como más empáticos y confiables, lo que se traduce en una mayor probabilidad de ser contratados y de ser preferidos como colegas o socios comerciales.

El estudio destaca que la diferencia en la percepción puede ser significativa. Las personas con acento de clase alta tienen un 16% más de probabilidad de ser consideradas confiables y un 19% más de ser elegidas para un empleo en comparación con quienes tienen un acento de clase baja. Este fenómeno no es nuevo; desde hace décadas, la sociología ha explorado cómo las diferencias de clase se reflejan en el comportamiento cultural y en la interacción social. El sociólogo Pierre Bourdieu ya había señalado que elementos como el lenguaje funcionan como marcadores sociales que pueden perpetuar la desigualdad.

Además, el impacto de los acentos no se limita a la percepción social, sino que también puede tener consecuencias económicas. Por ejemplo, en el ámbito laboral, un acento de clase alta puede facilitar el acceso a mejores oportunidades de empleo y a redes sociales influyentes. Esto plantea interrogantes sobre la equidad en el mercado laboral y cómo los sesgos implícitos pueden afectar las decisiones de contratación. En un contexto donde la desigualdad social es un tema candente en América Latina, este estudio aporta una nueva dimensión a la discusión sobre cómo se reproduce la desigualdad a través de mecanismos sutiles como el lenguaje.

Para los inversores, este estudio podría tener implicaciones en sectores donde la percepción social y la reputación son cruciales, como el consumo y los servicios. Las empresas que operan en Colombia y en otros países de la región deben ser conscientes de cómo los sesgos de acento pueden influir en la dinámica del mercado laboral y en la percepción de sus marcas. Por ejemplo, una empresa que contrata a personal con acentos asociados a clases altas podría beneficiarse de una imagen más favorable, lo que podría traducirse en un mejor desempeño en el mercado.

A futuro, será interesante observar cómo se desarrollan estas dinámicas en otros países de la región, especialmente en Brasil, donde la diversidad de acentos y dialectos es notable. Las empresas argentinas que buscan expandirse en Brasil deben considerar cómo la percepción de acentos puede afectar su estrategia de contratación y marketing. Además, eventos como conferencias sobre diversidad e inclusión en el trabajo podrían ser oportunidades clave para discutir y abordar estos temas en el contexto latinoamericano.