El Perú se encuentra en un momento crucial, ya que el próximo domingo 12 de abril se llevarán a cabo elecciones presidenciales y congresales. A pesar de haber sido un ejemplo de gestión macroeconómica en América Latina, el país ha enfrentado una inestabilidad política que ha afectado su crecimiento económico. Desde 2018, el ritmo de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) ha disminuido, con un promedio de solo 2,3% desde 2022, muy por debajo de su potencial. Esto ha llevado a que muchos expertos califiquen a la economía peruana como una 'economía zombi', que avanza sin un rumbo claro debido a la falta de políticas económicas sostenidas y coherentes.

La economía peruana ha gozado de ciertos puntos fuertes, como una gestión autónoma y técnica del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), lo que ha permitido mantener la estabilidad del sol, su moneda. Sin embargo, la continua rotación de presidentes —ocho en los últimos años— ha generado un clima de incertidumbre que afecta la inversión y el crecimiento. La situación se ha visto agravada por la pandemia de COVID-19, que elevó la pobreza del 20% en 2019 al 27,6% en 2024, evidenciando el costo social de la inestabilidad política.

El impacto de la crisis política se hizo evidente en 2023, cuando la economía se contrajo un 0,55% tras la destitución del presidente Pedro Castillo. Este evento provocó protestas y un clima de desconfianza que ha dificultado la implementación de políticas efectivas. Los expertos advierten que, si bien el Perú debería beneficiarse de los altos precios del oro y cobre, la falta de previsibilidad en el gobierno ha llevado a oportunidades perdidas en términos de crecimiento. Diego Macera, director del Instituto Peruano de Economía, señala que el país podría haber crecido a un ritmo de 5 o 6% si las políticas hubieran sido más estables y competentes.

Las elecciones del 12 de abril son vistas como una oportunidad para cambiar el rumbo del país. Los dos candidatos principales, Rafael López Aliaga y Keiko Fujimori, representan visiones diferentes para el futuro del Perú. Sin embargo, el descontento popular con la corrupción y la ineficacia de los gobiernos anteriores podría llevar a un cambio significativo en la composición del Congreso, lo que a su vez podría influir en la dirección económica del país. La incertidumbre política que rodea estas elecciones podría impactar negativamente en la confianza de los inversores, un factor crítico para la recuperación económica.

A futuro, el nuevo presidente y el Congreso tendrán el desafío de restaurar la confianza en las instituciones y establecer políticas económicas que fomenten el crecimiento sostenible. Con la renovación de la directiva del Banco Central prevista para este año, la elección de Julio Velarde como presidente del BCRP podría ser clave para mantener la estabilidad macroeconómica. Sin embargo, la situación geopolítica global, incluyendo la guerra en Oriente Medio, podría influir en los precios de los commodities y en la economía peruana en general. Los inversores deben estar atentos a cómo se desarrollan las elecciones y las políticas que se implementen en los próximos meses, ya que esto determinará el futuro económico del país y su capacidad para salir del 'modo zombi'.