- La pobreza oficial se sitúa en un 28,2%, con una baja de 12 p.p. desde el gobierno anterior.
- La capacidad de compra de la Canasta Básica Total aumentó un 25% entre abril 2024 y septiembre 2025.
- El incremento de la Asignación Universal por Hijo fue del 64%, pero su impacto real en la pobreza es limitado.
- La mejora en la captación de ingresos ha sido significativa, pero la discrepancia con los datos oficiales persiste.
- A pesar de la baja en la pobreza, el aumento de la mora crediticia y el deterioro de servicios públicos son preocupantes.
La reciente medición de pobreza en Argentina ha mostrado una disminución significativa, con un descenso del 12% en comparación con el periodo anterior al cambio de gobierno, situándose en un 28,2%. Sin embargo, este dato puede ser engañoso, ya que la realidad es más compleja y la baja efectiva de la pobreza podría ser menor de lo que indican las estadísticas oficiales. La metodología utilizada para calcular la pobreza ha sido objeto de críticas, sugiriendo que la cifra real de personas que han salido de la pobreza es considerablemente menor a los 5,4 millones que se reportan.
Entre los factores que han contribuido a esta baja, se destaca la recuperación de ingresos y una desaceleración de la inflación, que ha beneficiado en mayor medida a los sectores más vulnerables. Entre abril de 2024 y septiembre de 2025, la capacidad de compra de la Canasta Básica Total (CBT) ha aumentado un 25% para los hogares registrados, aunque todavía se encuentra solo un 3% por encima de los niveles de pobreza del semestre anterior. Esto indica que, a pesar de la mejora, la situación sigue siendo crítica para muchos.
Otro aspecto relevante es el incremento de la Asignación Universal por Hijo (AUH), que ha crecido un 64% en términos reales, aunque su impacto en la reducción de la pobreza es limitado debido a la compensación con la disminución de la Tarjeta Alimentar. Para un hogar con dos hijos, el aumento total en asistencia social ha sido solo del 13% en comparación con el semestre anterior. Esto sugiere que, aunque las transferencias directas han ayudado a mitigar la indigencia, su efecto sobre la pobreza general es más modesto de lo que se podría esperar.
Además, la mejora en la captación de ingresos reportados por los hogares ha sido significativa, con un aumento en la discrepancia entre los ingresos autorreportados y los datos oficiales de ANSES y AFIP. Esta divergencia se ha corregido en parte gracias a una mayor estabilidad en los ingresos, lo que ha permitido que más hogares reporten cifras más altas. Sin embargo, esta mejora no se ha traducido en un cambio sustancial en la pobreza, ya que la metodología de cálculo sigue siendo un punto de debate.
A futuro, es crucial seguir monitoreando la situación social en Argentina, especialmente la heterogeneidad en los ingresos y el impacto de la inflación en los sectores medios y altos. La recuperación de la economía no se refleja de manera uniforme, y es importante considerar también el aumento de la mora crediticia y el deterioro de servicios públicos. La situación es compleja y, aunque la pobreza ha disminuido, aún queda un largo camino por recorrer para lograr una mejora real y sostenible en la calidad de vida de los argentinos.
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