La mora en los pagos de las familias argentinas a los bancos ha alcanzado un alarmante 11,2% en febrero de 2026, un incremento notable desde el 10,6% registrado en enero. Este aumento, que representa el decimosexto mes consecutivo de crecimiento en la morosidad, se ha dado en un contexto donde la actividad económica parece estar en niveles récord, con un PBI y consumo privado en máximos históricos. Sin embargo, la realidad es que muchas familias enfrentan serias dificultades para cumplir con sus obligaciones financieras, lo que plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de este crecimiento económico.

El informe de la consultora 1816, que utiliza datos de la Central de Deudores del Banco Central, revela que la mora de las empresas también ha mostrado un ligero aumento, pasando de 2,8% a 2,9%. Sin embargo, el crecimiento en la mora de los hogares es mucho más preocupante, ya que ha multiplicado por más de cuatro veces desde octubre de 2024, cuando se encontraba en un 2,5%. Este fenómeno no solo afecta a un grupo aislado de deudores, sino que se ha generalizado, afectando a 28 de los 30 principales bancos que otorgan préstamos a familias, que en conjunto representan más del 95% del crédito total.

Además, la mora en los créditos otorgados por entidades no financieras ha alcanzado un 29,9% en febrero, lo que representa un aumento de más de dos puntos respecto a enero. Este dato es especialmente relevante, ya que indica que el problema de la morosidad no se limita a los bancos, sino que se extiende a otras entidades que también ofrecen financiamiento a las familias. La consultora Eco Go también coincide en sus proyecciones, situando la mora de las familias en un 11,2% y la mora del crédito no bancario en un 26,7%, casi tres puntos más que en el mes anterior.

El aumento en la morosidad se vincula estrechamente con las altas tasas de interés, que se mantienen elevadas en los préstamos personales. A inicios de abril, la tasa nominal anual (TNA) de los préstamos personales en bancos ronda el 70%, lo que se traduce en una tasa efectiva anual (TEA) cercana al 100%. Esta situación se agrava en el caso de los préstamos otorgados por entidades no financieras, donde las tasas son aún más altas. A pesar de que el Gobierno ha mantenido la tasa de referencia del Banco Central en torno al 20%, esto no ha logrado traducirse en una disminución significativa de las tasas de los préstamos personales, lo que limita aún más la capacidad de las familias para cumplir con sus obligaciones.

El informe de la consultora Vectorial destaca que la morosidad en los préstamos, tanto bancarios como no bancarios, no es un fenómeno transitorio, sino que se ha convertido en un rasgo estructural del actual programa de estabilización económica. Esto plantea un dilema para la política monetaria: una estrategia más expansiva podría llevar a un rebrote inflacionario, mientras que una política más restrictiva implicaría tasas de interés aún más altas, lo que afectaría la capacidad de pago de los deudores. En este contexto, es poco probable que la morosidad se revierta en el corto plazo, lo que sugiere que la situación financiera de muchas familias seguirá siendo precaria en el futuro cercano.