Luz Stella Murgas, presidente de Naturgas, ha señalado la creciente dependencia energética de Colombia, que actualmente se sitúa en un alarmante 21% debido a las importaciones de gas natural. Este cambio se produjo a partir de diciembre de 2024, cuando el país comenzó a importar gas para satisfacer su demanda, una situación que ha generado preocupaciones sobre la sostenibilidad y el costo de la energía en el futuro. La dependencia de fuentes externas para cubrir la demanda energética no solo afecta a la industria, sino que también impacta directamente en el bolsillo de los consumidores, quienes podrían enfrentar mayores precios en los servicios públicos y en los productos que consumen diariamente.

El contexto actual se complica aún más por las tensiones geopolíticas que afectan el mercado del gas natural licuado (GNL). La situación en el estrecho de Ormuz, controlado por Irán, y la dependencia de Europa y Asia del gas proveniente de Catar, han llevado a un aumento en los precios internacionales del gas. Esto se traduce en un riesgo significativo para Colombia, que ya está lidiando con la presión de los costos de importación. Murgas enfatiza que la falta de contratos de largo plazo y la compra en el mercado spot pueden agravar aún más esta situación, afectando la competitividad de la industria local.

A pesar de que Colombia cuenta con recursos de gas en su territorio, la clave para revertir esta dependencia radica en acelerar la ejecución de proyectos de producción local. La demora en la implementación de iniciativas que permitan la explotación de gas en áreas continentales y en el mar Caribe ha sido un obstáculo significativo. Murgas destaca que el país tiene el potencial para recuperar su autosuficiencia energética, pero esto requiere un enfoque proactivo en la agilización de trámites y autorizaciones. La falta de gas local ha llevado a muchas empresas a buscar alternativas más contaminantes, lo que no solo afecta la competitividad, sino también el medio ambiente.

La recuperación del gasoducto que conecta a Colombia y Venezuela podría ser una solución viable para diversificar las fuentes de suministro. Este gasoducto, que no se utiliza desde 2015, podría permitir la importación de gas en fase gaseosa desde Venezuela, lo que podría aliviar la presión sobre el mercado interno. Sin embargo, la reactivación de esta infraestructura dependerá de la inversión y de los acuerdos comerciales que se establezcan. Murgas subraya que, hasta que no se concreten transacciones reales y contratos, no se podrá determinar el costo de la molécula de gas, lo que añade un nivel de incertidumbre al panorama energético del país.

Mirando hacia el futuro, es crucial que Colombia incremente su actividad exploratoria para encontrar gas en el subsuelo. Esto implica perforar más pozos y aumentar la inversión en proyectos estratégicos. Un ejemplo es el pozo Sirius, que tiene el potencial de abastecer hasta el 45% de la demanda nacional. Sin embargo, para que estos proyectos avancen, es fundamental que las comunidades, el gobierno y la industria trabajen en conjunto para superar los obstáculos burocráticos. La inversión necesaria para estos desarrollos es significativa, alcanzando cifras cercanas a los 3.000 millones de dólares, lo que requiere un compromiso serio por parte de todos los actores involucrados.

En resumen, la situación energética de Colombia es crítica y requiere atención inmediata. La dependencia de importaciones de gas y los desafíos geopolíticos actuales plantean riesgos significativos para la economía. La aceleración de proyectos locales y la diversificación de fuentes de suministro son esenciales para garantizar un futuro energético sostenible y competitivo para el país.