La Secretaría de Hacienda de México ha mantenido su pronóstico optimista de crecimiento económico para 2026, estimando un aumento del PIB entre 1.8% y 2.8%. Sin embargo, los primeros indicadores de 2026 sugieren un panorama sombrío, con caídas en la inversión y el consumo privado en enero, lo que pone en riesgo el crecimiento esperado. La economista Priscila Robledo de Fintual México señala que, aunque el PIB podría mostrar un ligero crecimiento por arrastre, la caída en consumo e inversión hace improbable que se alcance el objetivo gubernamental de 2.3% para este año.

En comparación, organismos internacionales y el Banco de México han ajustado sus proyecciones a la baja, estimando un crecimiento de solo 1.6%. Este desajuste entre las expectativas del gobierno y las del mercado refleja un estancamiento económico que se ha prolongado, amenazando no solo el crecimiento inmediato, sino también la capacidad futura de la economía para expandirse. La situación es crítica, ya que el país ha experimentado ocho años de estancamiento en el PIB per cápita, lo que evidencia la fragilidad fiscal del país.

El estancamiento en la inversión es un factor clave que contribuye a esta desaceleración. En 2025, la inversión fija cayó un 6.7%, y los datos de principios de 2026 muestran más de un año de retrocesos anuales. Esto se debe en parte a la incertidumbre generada por la política comercial de Estados Unidos y la revisión del T-MEC, que ha retrasado decisiones de inversión en sectores intensivos en capital. La falta de inversión no solo afecta el crecimiento a corto plazo, sino que también limita la acumulación de capital y la productividad a largo plazo.

Las implicancias para los inversores son significativas. Un crecimiento débil puede llevar a una concentración de la inversión privada en mantenimiento en lugar de expansión, lo que a su vez disminuye la creación de empleo formal y la adopción de tecnología. Esto crea un círculo vicioso que puede ser difícil de romper. Sin embargo, algunos economistas, como Gerónimo Ugarte de Valmex Casa de Bolsa, sugieren que la inversión puede reaccionar rápidamente si se disipa la incertidumbre, lo que podría desbloquear proyectos actualmente postergados.

A futuro, es crucial observar cómo se desarrollan las negociaciones del T-MEC y si el gobierno puede implementar políticas que estimulen la inversión pública. La estabilidad de las finanzas públicas es una prioridad para la administración de Claudia Sheinbaum, pero enfrenta desafíos significativos, como la necesidad de ajustar supuestos macroeconómicos optimistas y la presión para recortar el gasto programable. Las decisiones que se tomen en los próximos meses serán determinantes para el rumbo económico de México y su capacidad para alcanzar los objetivos de crecimiento establecidos para 2026.