Representantes de Maizar, junto a sus pares de Brasil y Estados Unidos, llevaron a cabo una misión estratégica en Europa, donde expusieron los avances del maíz a nivel global y analizaron el impacto de las políticas agropecuarias de la Unión Europea (UE) sobre la seguridad alimentaria mundial. En esta misión, que incluyó visitas a España, Italia y la sede de la FAO en Roma, los integrantes de la alianza internacional Maizall, responsables del 50% de la producción mundial de maíz y del 70% de las exportaciones globales, defendieron un modelo productivo basado en biotecnología y siembra directa. Afirmaron que este sistema es sustentable en términos económicos, sociales y ambientales, contrastando su enfoque con el de la UE, que ha llevado a una notable pérdida de competitividad en la producción de maíz en países como España e Italia, los cuales han reducido a la mitad su superficie cultivada en la última década y dependen en gran medida de las importaciones para satisfacer su consumo.

La delegación de Maizall destacó que Argentina, Brasil y Estados Unidos han aprobado más de 60 eventos biotecnológicos, mientras que en Europa el uso de estas tecnologías sigue restringido, con excepción de España y Portugal, que han cultivado un único evento autorizado durante más de 20 años. Esta disparidad se atribuye a marcos regulatorios que no han evolucionado al ritmo del conocimiento científico y a tensiones comerciales históricas. Durante su misión, también cuestionaron las exigencias ambientales de la UE, que, según afirmaron, funcionan más como barreras paraarancelarias que como políticas basadas en evidencia. Por ejemplo, mientras Europa limita el ingreso de biodiésel por razones ambientales, importa anualmente alrededor de 30 millones de toneladas de harina de soja para alimentación animal, lo que revela una contradicción en su política comercial.

La heterogeneidad de intereses dentro de la UE también fue un punto destacado por la delegación. España, como gran importador de cereales, busca flexibilizar las condiciones de importación, mientras que Francia, un importante exportador, promueve una mayor protección de su producción agrícola. Alemania, por su parte, prioriza su industria, lo que genera tensiones y dificulta la construcción de una estrategia común en el bloque. Este panorama fragmentado puede complicar aún más las negociaciones en torno al acuerdo entre la UE y el Mercosur, que se espera que avance en mayo, cuando se defina la reglamentación específica por parte de la Dirección General de Comercio de la UE.

Desde Maizar y Abramilho se rechazó la idea de las “políticas espejo” que exigen a los países del Mercosur producir bajo las mismas condiciones fitosanitarias que rigen en Europa, argumentando que las diferencias en suelos, climas y plagas hacen inviable replicar el modelo europeo. Aceptar estas condiciones podría trasladar ineficiencias a sistemas productivos más competitivos, lo que afectaría la capacidad de Argentina y Brasil para competir en el mercado global. La misión concluyó con un firme mensaje sobre la necesidad de defender la soberanía productiva frente a regulaciones que carecen de base científica.

A futuro, el desarrollo de nuevas técnicas genómicas (NGTs) y su regulación en la UE serán cruciales para el futuro de la innovación agrícola. La discusión gira en torno a si el bloque adoptará un enfoque basado en el producto final, como el implementado por Argentina, o si mantendrá restricciones similares a las que han frenado la biotecnología tradicional. Maizall anticipó que seguirá de cerca este proceso, ya que podría tener un impacto significativo en la competitividad de los productores de maíz de las Américas en el mercado europeo. La situación se torna aún más relevante en el contexto de las negociaciones del acuerdo UE-Mercosur, donde los plazos y las decisiones regulatorias en los próximos meses serán determinantes para el futuro del comercio agrícola entre estas regiones.