La economía de Irán enfrenta una crisis sin precedentes tras el inicio de los bombardeos por parte de Israel y Estados Unidos el 28 de febrero. En solo cinco semanas, los precios de bienes de primera necesidad han aumentado drásticamente, llevando a la población a una situación crítica. Por ejemplo, el precio del pan de molde ha subido de 700,000 a un millón de riales, lo que equivale a aproximadamente 0.75 dólares. Este aumento de precios se ha extendido a medicamentos y otros productos esenciales, lo que ha generado un descontento generalizado entre la población.

La inflación en Irán ya era un problema significativo antes de la guerra, con un crecimiento del 0.6% en 2025, muy por debajo del 3.6% proyectado para 2024. Sin embargo, la actual crisis ha exacerbado la situación, llevando a un incremento de la inflación que alcanzó el 50.6% a mediados de marzo. La depreciación de la moneda iraní, que comenzó tras la guerra de junio de 2025, ha contribuido a esta escalada de precios, lo que ha llevado a muchos a manifestarse en contra del gobierno.

El impacto de la guerra no solo se siente en los precios, sino también en el empleo. Muchas empresas han cerrado, dejando a miles de trabajadores en la incertidumbre. Los bazares, que son el corazón de la economía local, han reducido sus horarios de apertura, y el sector de la construcción ha despedido a un gran número de obreros. Esto ha afectado especialmente a los migrantes afganos, quienes dependían de estos empleos para subsistir. La situación se ha vuelto tan grave que algunos trabajadores han optado por regresar a sus países de origen, buscando mejores oportunidades.

Desde el punto de vista financiero, la crisis en Irán plantea riesgos significativos. La incapacidad de los particulares y las empresas para reembolsar sus préstamos podría llevar a un colapso del sistema bancario, que ya estaba en una situación precaria antes de la guerra. El último banco en quebrar, Ayandeh, fue uno de los más grandes del país, y se teme que otros bancos necesiten rescates, lo que podría provocar un nuevo aumento de la inflación. La limitación en los retiros de efectivo de los cajeros automáticos es una medida desesperada para evitar una corrida bancaria, lo que refleja la gravedad de la situación.

A futuro, es crucial monitorear la evolución de la economía iraní y el impacto de la guerra en su sistema financiero. La situación podría empeorar si no se encuentran soluciones rápidas para estabilizar la economía y restaurar la confianza entre la población. Los próximos meses serán decisivos, ya que la presión sobre el gobierno aumentará y las manifestaciones podrían reanudarse si no se abordan las preocupaciones económicas de la ciudadanía. Además, el impacto de los bombardeos en las infraestructuras clave, como la siderurgia y las instalaciones petroquímicas, tendrá consecuencias a largo plazo que podrían afectar aún más la economía.