El Banco Mundial ha ajustado a la baja su pronóstico de crecimiento económico para América Latina y el Caribe, proyectando un aumento del 2,1% para 2026. Esta cifra es inferior al crecimiento del 2,4% registrado en 2025 y también por debajo del 2,5% que se había anticipado en octubre del año pasado. Entre las razones citadas por la institución se encuentran los desafíos estructurales persistentes en la región, como los altos costos de financiamiento, la débil demanda externa, las tensiones geopolíticas y la inflación que continúa afectando la economía.

El informe destaca que el consumo privado sigue siendo el principal motor de la demanda en la región. Sin embargo, el Banco Mundial señala que la inversión es la principal restricción al crecimiento, ya que las empresas se muestran cautelosas y esperan señales más claras sobre el entorno externo y las políticas internas. Esta situación es especialmente relevante para países como Brasil y México, cuyas economías enfrentan un crecimiento moderado debido a condiciones financieras internas restrictivas y un espacio fiscal limitado.

En el caso de Brasil, la mayor economía de la región, se prevé un crecimiento del 1,6% para este año, con una leve mejora al 1,8% en 2027. Por su parte, México, que atraviesa un proceso de revisión de su acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá, verá un crecimiento del 1,3% en 2026, aumentando a 1,7% en el año siguiente. Estos datos reflejan un panorama de incertidumbre que podría afectar la confianza de los inversores y la dinámica de los mercados en ambos países.

A pesar de las proyecciones moderadas, el Banco Mundial también resalta el potencial de crecimiento a largo plazo en la región, especialmente en sectores como la minería. América Latina posee aproximadamente la mitad de las reservas mundiales de litio y un tercio del cobre, lo que podría ser un motor de desarrollo si se gestionan adecuadamente. Sin embargo, el informe aconseja a los gobiernos de la región evitar políticas industriales complejas y, en su lugar, centrarse en aspectos fundamentales como la inversión en habilidades, la apertura económica y el fortalecimiento de las instituciones.

Para los inversores argentinos, la situación en Brasil y México es crucial, dado que cualquier cambio en el entorno económico de estos países puede tener repercusiones en la economía local. La estabilización y las reformas en Argentina han mejorado las expectativas y las condiciones financieras, lo que podría ofrecer oportunidades en un contexto de crecimiento moderado en la región. Los próximos meses serán clave para observar cómo se desarrollan las políticas económicas y cómo se adaptan las empresas a un entorno global cambiante, especialmente con la proximidad de elecciones y cambios en las políticas comerciales.