La reciente tregua entre Estados Unidos e Irán ha generado expectativas sobre la posible normalización del tráfico en el Estrecho de Ormuz, un punto crucial para el transporte de energía que representa aproximadamente una quinta parte de los suministros de petróleo y gas del mundo. Sin embargo, expertos en navegación advierten que la recuperación del tráfico en esta vía marítima vital no será inmediata. A pesar de las declaraciones optimistas de funcionarios estadounidenses, como el presidente Donald Trump, que condicionó la tregua a la apertura total y segura del estrecho, la realidad es más compleja.

El tráfico a través del Estrecho de Ormuz sigue siendo escaso, con solo cuatro transbordos registrados recientemente, según S&P Global Market Intelligence. Más de 400 buques cargados de petróleo y numerosos transportes de GNL y GLP permanecen anclados en las cercanías del Golfo, a la espera de señales claras para su paso. La situación se complica aún más por la falta de claridad en las condiciones de tránsito y las tarifas, lo que desanima a los propietarios de buques a arriesgarse a navegar por esta ruta. La firma de investigación marítima Windward ha señalado que, aunque la tregua es un paso positivo, la incertidumbre persiste, lo que podría prolongar la crisis de suministro.

En comparación con situaciones anteriores, como la interrupción del tráfico en el Mar Rojo debido a las acciones de los hutíes en Yemen, donde la recuperación del tráfico fue lenta incluso tras un acuerdo de cese al fuego, los analistas sugieren que el Estrecho de Ormuz podría enfrentar un panorama similar. La diferencia radica en que, en el caso del Mar Rojo, existían rutas alternativas más viables, mientras que en el Estrecho de Ormuz las opciones de desvío son limitadas, lo que podría hacer que la recuperación sea más lenta. Esto se traduce en un aumento de los precios del petróleo, que actualmente se cotizan alrededor de 97 dólares por barril, un descenso desde los 110 dólares previos a la tregua, pero aún por encima de los niveles pre-guerra de aproximadamente 70 dólares.

Para los inversores, la prolongación de la crisis en el Estrecho de Ormuz implica un riesgo significativo en el sector energético. Las empresas de transporte marítimo, como Hapag-Lloyd y Maersk, han indicado que no están dispuestas a reanudar sus operaciones normales en el estrecho hasta que se resuelvan las condiciones de seguridad y tránsito. Esto no solo afecta a las empresas de transporte, sino que también tiene repercusiones en el costo del petróleo y, por ende, en la inflación global. Los costos de envío están aumentando debido a la necesidad de seguros de riesgo de guerra y a la acumulación de inventarios, lo que podría impactar en los precios de los combustibles y, en consecuencia, en la economía argentina, que depende en gran medida de las importaciones de energía.

A futuro, los inversores deben estar atentos a la evolución de la tregua y a las acciones de Irán en relación con el control del Estrecho de Ormuz. Los primeros 48 horas de la tregua serán cruciales para evaluar la disposición de los propietarios de buques a entrar en el estrecho. Además, se debe monitorear la situación en la región, especialmente las tensiones entre Israel y Líbano, que podrían influir en la estabilidad del acuerdo. La recuperación del tráfico marítimo podría tardar semanas o incluso meses, lo que sugiere que la volatilidad en los precios del petróleo podría persistir en el corto y mediano plazo.