Desde diciembre de 2023, Argentina ha experimentado un proceso de desaceleración inflacionaria que se ha consolidado a lo largo de 2024, alcanzando un registro mensual del 2,6% en febrero de 2025. Sin embargo, la inflación acumulada durante la gestión de Javier Milei se sitúa en un alarmante 209%. Este número, aunque impactante, es solo un promedio que oculta variaciones significativas entre diferentes rubros. Mientras algunos sectores han visto aumentos moderados, otros han triplicado o cuadruplicado estos incrementos, alterando drásticamente la estructura de gastos de millones de hogares argentinos.

El sector de vivienda y servicios ha sido el más afectado, con un incremento cercano al 400% en el índice de precios al consumidor (IPC). Esto representa 191 puntos porcentuales por encima del promedio general de inflación. Dentro de este rubro, el gas natural ha liderado los aumentos con un asombroso 766%, seguido por los alquileres que han subido un 423%, y la energía eléctrica con un 370%. Para poner esto en perspectiva, una familia que pagaba $10.000 por el gas en diciembre de 2023 ahora enfrenta una factura de casi $87.000, mientras que el alquiler que costaba $100.000 ha superado los $520.000.

En términos de otros gastos esenciales, el rubro de comunicaciones ha acumulado un aumento del 321%, y la educación un 279%. Estos incrementos son especialmente preocupantes para las familias con hijos en edad escolar, ya que la educación es un gasto fijo difícil de evitar. El transporte, que afecta a los trabajadores que dependen del colectivo y el tren, también ha visto un aumento del 255%. Estos tres sectores representan un núcleo de gastos fijos que las familias no pueden recortar fácilmente, lo que ha llevado a decisiones difíciles en la vida cotidiana, como reducir el uso de calefacción o cambiar a una dieta más económica.

El capítulo de alimentos y bebidas no alcohólicas ha acumulado un 182%, lo que está por debajo del nivel general de inflación. Sin embargo, esta cifra es engañosa, ya que dentro de este rubro coexisten productos con aumentos desmesurados y otros que apenas han variado. Por ejemplo, el polvo para flan ha visto un aumento del 424,7%, mientras que el azúcar ha tenido un incremento de solo 0,5% durante toda la gestión de Milei. Esto indica que más de la mitad de los productos de la canasta básica se han encarecido por encima del promedio del rubro.

La situación de la carne vacuna también refleja esta disparidad, con cortes como la paleta, cuadril y nalga superando el 225% de aumento. Para una familia que consume carne regularmente, esto significa que el gasto en proteína animal se ha triplicado, mientras que los ingresos han tardado en recuperar su poder adquisitivo. La inflación del 209% es un dato macroeconómico que promedia experiencias muy distintas; por ejemplo, una familia inquilina con calefacción a gas y hijos en edad escolar puede estar enfrentando una inflación percibida que supera el 300%.

A pesar de la desaceleración de la inflación, que ahora se sitúa más cerca del 3% que del 2%, es crucial recordar que esta disminución se produce sobre una base de precios que ya ha sido reconfigurada de manera drástica. La estabilización macroeconómica ha llegado tras un reajuste de precios relativos que todavía se siente en los hogares, especialmente en las boletas de servicios y los contratos de alquiler. La situación actual exige un análisis cuidadoso de los patrones de consumo y de cómo las familias están adaptando sus presupuestos a esta nueva realidad inflacionaria.